Si hay algo que me gusta de diciembre (además de los turrones y prometer que “en enero me pongo fino”) es que llega mi resumen del año en Strava y me recuerda con números lo que mi memoria suele maquillar: he entrenado 24 horas y 43 minutos. Según Strava, eso equivale a 16,5 películas. No especifica si son de acción o de terror, pero sospecho que en mi caso es una mezcla entre comedia absurda y drama deportivo con final abierto.
En distancias, el panorama confirma mi identidad oficial: triatleta amateur con personalidad múltiple. Este año he acumulado 563 km en bici, otros 391 km (porque Strava decide que una bici no es suficiente), 148 km corriendo y unas 4 horas y 42 minutos nadando, lo justo para no olvidar que el agua moja y que sigo sin ser pez. Si alguien busca coherencia deportiva aquí… que pase al siguiente blog.
En el apartado de obsesiones (perdón, de “constancia”), mi resumen del año en Strava ha señalado como segmento destacado mi favorito: SuperTri E/Lap. Son 2,0 km en 4 min 32 s y lo he intentado 8 veces. Hay más de 26 millones de segmentos en Strava y yo sigo volviendo al mismo, como quien vuelve a ver la misma serie esperando que esta vez el protagonista tome mejores decisiones.
Y ojo, porque el año también trae medallas emocionales: he conseguido una racha semanal de 30 semanas (lo que me mete en el 11% de las mejores series semanales), he sumado 125 días de actividad (top 14%) y un total de 96 horas de actividad (top 17%). No soy profesional, pero claramente soy persistente… o muy pesado. Y, sinceramente, ambas cosas me representan.
Como colofón, mi resumen del año en Strava guarda el momentazo épico: la “Visita anual al Apóstol: mini camino”. Una salida de 72,8 km, con 1.208 m de desnivel y 5 h 48 min de duración. De esas que te recuerdan que, cuando se alinean las ganas, el paisaje y el café posterior, el deporte vuelve a tener sentido. Strava lo resume con datos. Yo lo resumo así: no ha sido mi mejor año, pero ha sido muy mío. Y con eso, me vale.

